Acerca del Artista
La trayectoria de Ofelia del Rosal representa uno de los procesos de maduración vocal más interesantes de la escena musical venezolana. Aunque sus inicios estuvieron marcados por una intensa y exitosa actividad en el área de grabación de comerciales y jingles, su formación académica siempre apuntó hacia la excelencia interpretativa. Realizó estudios de canto con maestros como Lina Brando, Humberto Diez y César Muñoz, perfeccionando su técnica en plazas internacionales mediante clases magistrales con David Sorrin Colyer en Nueva York y la profesora Helena Vallalta en la Escuela Superior de Canto de Madrid.
Desde su infancia, Ofelia del Rosal demostró una versatilidad que la llevó a formar parte del Coro de Cámara de la Orquesta Filarmónica de Caracas y a protagonizar obras de teatro musical de gran impacto, como la pieza Nosotros... que nos quisimos tanto, donde compartió escena con el primer actor Gustavo Rodríguez. Sin embargo, fue su incursión discográfica la que reveló su verdadera dimensión artística. En el año 2000, su álbum debut titulado Brasil en blanco y negro le valió la nominación como Revelación Musical del Año en el Premio Nacional del Artista, sentando las bases de un estilo que fusiona la síncopa brasileña con el sentimiento venezolano.
A lo largo de su carrera, ha tenido el privilegio de compartir escenario con leyendas de la talla de Leny Andrade y Mercedes Sosa, además de colaborar en sus producciones con las figuras más insignes del país. En su catálogo destacan participaciones de maestros como Aldemaro Romero, Simón Díaz, Ilan Chester y el Ensamble Gurrufío. En sus trabajos más recientes, bajo la dirección musical de Gustavo Carucí, ha logrado reunir a una élite de instrumentistas que incluye a Guillermo Carrasco, Otmaro Ruíz, Víctor Mestas y Nené Quintero, consolidando un sonido que la crítica especializada define como elegante, íntimo y de una impecable factura técnica.
Hoy en día, Ofelia del Rosal se mantiene como una de las voces más respetadas en los circuitos del jazz y la música acústica. Su legado no solo reside en su discografía, sino en su capacidad para reinterpretar el cancionero latinoamericano con una sofisticación que elude los excesos, apostando siempre por la sutileza y el buen gusto. Al haber transitado desde los estudios de grabación publicitaria hasta los escenarios más prestigiosos de la música de autor, ha demostrado que la voz humana, cuando es cultivada con rigor y pasión, es capaz de convertirse en un instrumento universal de incalculable valor cultural.