Acerca del Artista
Róger Bencomo, reconocido en el mundo artístico como Rogelio Ortiz, es una de las figuras más respetadas de la música llanera. Nacido el 5 de agosto de 1959 en San Francisco de Macaira, estado Guárico, Ortiz manifestó su talento desde los 6 años. Su formación inicial, que incluyó la polifonía en quintetos vocales y la interpretación de géneros como la gaita y el aguinaldo, le otorgó una base técnica superior. Antes de ser el referente del llano que conocemos, pulió su dominio escénico como voz líder de orquestas bailables de la talla de Punta Brava y La Tentadora, una versatilidad que ha sido clave en su longevidad artística.
El ascenso de Ortiz estuvo marcado por el rigor de los festivales. Tras ganar su primer certamen en 1978 en Lezama de Orituco, acumuló galardones como el San Lorenzo de Oro y La Panoja de Oro. En 1981, su traslado a Caracas bajo el sello Discomoda marcó un antes y un después: allí conoció a su padrino artístico, Simón Díaz, quien lo bautizó como Rogelio Ortiz. Para 1983, su estilo elegante le valió el título de "Caballero del Canto Nacional", un apelativo que hace justicia a su interpretación impecable y su presencia distinguida en el escenario.
Su consagración definitiva llegó al ganar el prestigioso El Florentino de Oro en 1987 con el tema Soledad. A partir de ahí, su voz se convirtió en un puente internacional; representó a Venezuela en el Festival OTI de 1995 con El Viaje (de Simón Díaz), logrando una proyección que lo llevó a escenarios de Europa, Brasil, Estados Unidos y las Islas Canarias.
En años recientes, Rogelio Ortiz ha mantenido una vigencia admirable. Con más de una decena de producciones discográficas, entre las que destacan éxitos como Amor de ayer, Cuando me dejes de amar y Linda Guariqueña, ha sabido adaptar el sentimiento llanero a los nuevos tiempos sin perder la esencia. Además de sus constantes giras por Colombia y Venezuela, se ha destacado como jurado y mentor en programas de televisión de talento vocal, donde su experiencia sirve de guía a las nuevas generaciones. Hoy, Ortiz no solo es un intérprete; es una institución del canto estilizado que sigue demostrando que la música llanera posee una sofisticación capaz de dialogar con cualquier escenario del mundo.